"INTERCULTURALIDAD, VIVIR LA DIVERSIDAD"

 


   SEBASTIÁN PACURUCU


PSICOLOGIA SOCIAL


"INTERCULTURALIDAD, VIVIR LA DIVERSIDAD"


MARZO- AGOSTO 2025


12 DE MAYO DE 2025



Interculturalidad “Una Perspectiva desde la Psicología Social”

En un mundo marcado por la globalización, los desplazamientos humanos y el contacto constante entre culturas, la interculturalidad se presenta como un concepto clave para entender y gestionar la diversidad. Josef Estermann, en su obra Interculturalidad: Vivir la diversidad, reflexiona críticamente sobre los modelos de relación entre culturas y propone una visión más equitativa y ética de la convivencia cultural. Este ensayo busca analizar las ideas de Estermann desde la perspectiva de la psicología social, enfocándose en los procesos de percepción social, identidad, prejuicio, discriminación y la construcción del “otro”.

Estermann sostiene que la interculturalidad va más allá del mero contacto entre culturas o del multiculturalismo superficial que muchas veces se limita a una convivencia formal, sin una verdadera transformación estructural. En psicología social, esta crítica se puede vincular con la teoría de la identidad social de Tajfel y Turner (1986), la cual explica que las personas tienden a categorizarse a sí mismas y a los demás en grupos, lo que lleva a una diferenciación entre el endogrupo (nosotros) y el exogrupo (ellos). Esta categorización, aunque útil para organizar la realidad social, puede generar estereotipos y prejuicios que dificultan una relación horizontal entre culturas. La propuesta de Estermann implica superar esta visión jerárquica y etnocéntrica mediante una “convivencia de horizontes culturales”, lo cual requiere, desde la psicología social, un trabajo profundo en la deconstrucción de los estereotipos. Estudios como el de Blanco y González (2010) sobre la percepción del inmigrante en España muestran cómo los prejuicios implícitos influyen en las relaciones interculturales y cómo los procesos de categorización pueden derivar en exclusión social.

Una de las contribuciones más relevantes de Estermann es su análisis del “otro cultural” y de cómo las relaciones de poder determinan las representaciones sociales. El autor indica que la cultura dominante no solo impone sus prácticas y valores, sino también sus modos de representar al “otro”. Esta idea se relaciona con los estudios de representación social de Moscovici (1961), retomados en América Latina por autores como Jodelet (1986), quienes señalan que las representaciones no son neutras, sino que se vinculan al poder y al contexto sociopolítico. Desde la psicología social, la representación del otro puede ser vista como una estrategia de control simbólico. Como lo indican Morales et al. (2007), los discursos sociales sobre minorías o pueblos originarios muchas veces refuerzan su inferioridad o exotismo, dificultando así una auténtica interculturalidad. Estermann propone un cambio de paradigma: pasar del “encuentro civilizatorio” que justifica la dominación, a una epistemología de la reciprocidad y del diálogo entre saberes.

Otro eje central en la obra de Estermann es la crítica al racismo estructural y a la colonialidad del saber, del poder y del ser. Estos conceptos, influenciados por el pensamiento de autores como Aníbal Quijano y Walter Mignolo, revelan que la discriminación no es solo una actitud individual, sino una estructura que organiza las relaciones sociales. La psicología social contemporánea ha comenzado a integrar estas ideas, especialmente a través de estudios sobre discriminación institucional. Por ejemplo, en un estudio realizado por Pérez y Mugny (2001), se encontró que las formas sutiles de discriminación —como las microagresiones— son incluso más difíciles de combatir porque están normalizadas. Esto coincide con Estermann cuando afirma que la inclusión multicultural muchas veces es un “maquillaje” de estructuras racistas más profundas.

Una de las propuestas más interesantes del texto es la necesidad de fomentar un diálogo intercultural basado en la horizontalidad y la corresponsabilidad. Para que este diálogo sea posible, la psicología social propone estrategias para modificar actitudes y promover la empatía entre grupos. Según Allport (1954), el contacto entre grupos, bajo ciertas condiciones (igualdad de estatus, objetivos comunes, cooperación y apoyo institucional), puede reducir el prejuicio. Este “modelo del contacto” ha sido ampliamente estudiado en contextos educativos. En un artículo de Rueda y Navas (2012), se demuestra que los programas educativos con enfoque intercultural pueden modificar actitudes xenófobas entre estudiantes universitarios. Sin embargo, el contacto no basta si no va acompañado de un cuestionamiento del poder, como lo señala Estermann. La psicología social crítica sugiere incluir el análisis ideológico y estructural en los programas de intervención intercultural.

Estermann aboga por una epistemología intercultural que reconozca los saberes situados de los pueblos indígenas y otros colectivos históricamente marginados. Esto tiene resonancia con la psicología social latinoamericana, que ha criticado la imposición de modelos eurocéntricos y ha propuesto una “psicología del sur”. Martín-Baró (1986) fue uno de los pioneros en denunciar la “colonización” del saber psicológico y en proponer una ciencia comprometida con la liberación de los pueblos oprimidos. Hoy en día, autores como Gutiérrez y Castillo (2016) continúan esta línea argumentando que la interculturalidad debe incluir una “descolonización epistemológica” que reconozca el valor de los conocimientos ancestrales, no como objetos de estudio, sino como sujetos activos en la producción de conocimiento.

Finalmente, Estermann plantea que la verdadera interculturalidad solo es posible si hay justicia histórica y reparación simbólica. Desde la psicología social, esto implica trabajar en procesos de memoria colectiva, reconocimiento y reconciliación. Las investigaciones sobre justicia restaurativa muestran cómo los procesos simbólicos de reparación contribuyen a la cohesión social y al restablecimiento de la confianza entre grupos. Por ejemplo, el trabajo de Paez et al. (2011) sobre memoria colectiva en contextos de violencia política señala que el reconocimiento de los daños sufridos por un grupo es esencial para construir una convivencia respetuosa. La psicología social comunitaria también aporta herramientas para este fin, como los círculos de diálogo, la mediación intercultural y las metodologías participativas que empoderan a los actores sociales desde sus propias cosmovisiones.

La obra de Estermann no solo invita a repensar la interculturalidad desde una perspectiva crítica, sino que también ofrece un marco ético y político para una convivencia auténtica entre culturas. Desde la psicología social, este reto implica desmantelar estereotipos, transformar actitudes, reconocer las estructuras de poder y generar procesos de diálogo genuinos. La interculturalidad no puede ser una política superficial ni un discurso decorativo, sino un compromiso profundo con la justicia, el reconocimiento y la transformación social. Solo así será posible vivir la diversidad no como amenaza, sino como una fuente de riqueza humana y colectiva.

 

 

 

 

 

Referencias 

Allport, G. W. (1954). The Nature of Prejudice. Addison-Wesley.

Blanco, A., & González, M. (2010). Psicología social del racismo y la xenofobia. Revista de Psicología Social, 25(1), 25-39. https://doi.org/10.1174/021347410790070208

Estermann, J. (2009). Interculturalidad: Vivir la diversidad. Universidad del Cauca.

Gutiérrez, G., & Castillo, M. (2016). Psicología social latinoamericana: desafíos para una epistemología situada. Revista Interamericana de Psicología, 50(1), 96–104. https://doi.org/10.30849/rip/ijp.v50i1.161

Jodelet, D. (1986). La representación social: fenómenos, conceptos y teoría. Psicología Social, 4(1), 47-78.

Martín-Baró, I. (1986). Hacia una psicología de la liberación. Boletín de Psicología, (22), 219-231.

Morales, J. F., Moya, M., & Gaviria, E. (2007). Psicología social. Madrid: McGraw-Hill.

Paez, D., Basabe, N., & González, J. L. (2011). La memoria colectiva de conflictos y dictaduras. Psicología Política, 23(45), 13–34.

Pérez, J. A., & Mugny, G. (2001). Discriminación y relaciones intergrupales. Revista de Psicología Social, 16(3), 335-354.

Rueda, D., & Navas, M. (2012). Evaluación de un programa educativo intercultural para reducir prejuicios hacia inmigrantes. Anales de Psicología, 28(3), 869–877. https://doi.org/10.6018/analesps.28.3.146891

 

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