LA CONSTRUCCIÓN PSICOSOCIAL DE LA REALIDAD
SEBASTIÁN PACURUCU
PSICOLOGIA SOCIAL
ANALISIS DEL CAPITULO I DE LA SERIE INJERENCIA
MARZO- AGOSTO 2025
30 DE MARZO 2025
LA CONSTRUCCIÓN PSICOSOCIAL DE LA REALIDAD
La realidad, como indican diversas teorías, no es un concepto absoluto y objetivo sino una construcción social influenciada por estructuras culturales, políticas y psicológicas. En una aproximación psicosocial, los individuos no solo comprenden el mundo, sino que lo interpretan y dotan de significado a partir de la relación con los otros. En este sentido, Peter Berger y Thomas Luckmann (1966) conceptualizan la realidad a través de la institucionalización en tanto proceso a través del cual se crea nuestra perspectiva del mundo, mientras que Denise Jodelet lo hace mediante las representaciones sociales. Por otro lado, Enrique Pichon Rivière (2000) pone el énfasis en la subjetividad desde una mirada histórica. A partir de estos autores, el presente trabajo analizará la constitución de la realidad desde una aproximación psicosocial.
Berger and Luckmann (1966) describen que la realidad es el resultado de la interacción social y está basada en tres procesos fundamentales: la externalización, la objetividad y la internalización3. La primera definición significa que las personas colocan en este mundo creados por ellas ciertos significados y estructuras; la objetividad es la percepción de estos valores y estructuras creados por la sociedad, como realidades independientes; el último proceso implica que estos valores y estructuras son incorporados a la personalidad y a su conciencia.
Estos procesos permiten a las personas considerar que algunos conceptos y normas son la realidad. La realidad, desde este punto de vista, no es estática, sino que se rehace continuamente gracias a la interacción social. Por ejemplo, los conceptos de género han cambiado drásticamente a lo largo de la historia reciente impulsados por la modificación del discurso público y la percepción de diferentes formas de acción política; así, las representaciones colectivas pueden transformar lo “real”.
Jodelet (1986) introduce el concepto de representaciones sociales en la cual se da el sistema de creencias y valores que mediadas nuestra apreciación y percepción del mundo. Estas representaciones no solo estructuran información, sino que también tienen incidencia en las relaciones y acciones humanas. Me parece indispensable decir lo siguiente: la percepción de la
pobreza y la marginalidad está fuertemente influida por narraciones culturales relacionales al ocio y a la inactividad, y se considera principalmente las causas profundas de la carencia de recursos de desempleado a por propio serlo. No para ser en parte estructuras económicas disparejas.
Un caso paradigmático para conceptualizar tal fenómeno es el tratamiento mediático de las migraciones. a menudo, los medios gestan representaciones sociales que plasman a los migrantes como enemigos o como desnudos, reforzando la opinión pública y las regulaciones legislativas en relación a los inmigrantes. se confirma así la idea de que la realidad no es un espejo de los acontecimientos circundantes, sino un constructo del discurso hegemónico.
Desde la perspectiva de la psicología social crítica, Pichon Rivère (2000) dice que la realidad es vista como una configuración dinámica donde los sujetos están en un proceso de adaptación y cambio. La subjetividad se da a través de la historia Personal y colectiva. De lo mencionado, la historia personal es que las percepciones de uno están mediadas anteriormente por experiencias pasadas. Simultáneamente, la narrativa colectiva es experiencia sociocultural; esto es, ser parte de una nación, una región, un pueblo, una población o colectivo.
Un ejemplo claro en este sentido es el relato de las dictaduras en América Latina. Las memorias oficiales y las vivenciales de los sobrevivientes hacen posible dos realidades diferentes de estos períodos. Así, para algunos, la dictadura fue un tiempo de orden, tranquilidad y estabilidad, mientras que, para otros, fue un tiempo de represión y violencia. La diversidad de construcciones de la realidad muestra cómo el pasado se interpreta desde distintos marcos ideológicos.
Hoy en día, la realidad psicosocial se está manifestando más en cualquier otra etapa anterior a través del crecimiento de las redes sociales y la digitalización de la información. La difusión de noticias falsas y la teoría de la conspiración en casos revela cómo las creencias colectivas pueden llevar a una persona y una sociedad a tener un impacto real en el ámbito político y social.
El período de la posverdad, en el que se prioriza la opinión subjetiva sobre los hechos verificables, da testimonio de la plasticidad de la realidad y su vulnerabilidad a la manipulación discursiva. Esto supone un desafío para el pensamiento crítico y la educación cívica, ya que cuestionar los constructos sociales se convierte en la base de la participación democrática.
Además de ser un elemento fundamental y consistente, la realidad es un campo de lucha donde se pueden encontrar intereses, narrativas y experiencias opuestas. No puede ser interpretado en un único sentido porque cada grupo social lo construye según su propia posición dentro en un marco particular. Así, lo que nosotros descubrimos “real” no es más que un ligado de discursos que han ganado legitimidad y otros que han sido marginados o silenciados. La aparente estabilidad de la realidad no es más que la apariencia de una construcción mutuamente acordada, ni es más que una verdad inmutable.
Esta lucha por el significado de la realidad no es metafórica; tiene implicaciones concretas para el ejercicio del poder, la distribución de recursos y la posibilidad del cambio social. Los discursos dominantes moldean la comprensión y la experiencia de las injusticias, y tienden a perpetuar las desigualdades al presentarlas como naturales o necesarias. Por ejemplo, el capitalismo ha logrado imponer la idea de que el logro personal es el único resultado del esfuerzo personal, enmascarando así las desventajas estructurales que favorecen a unas áreas sobre otras.
Esta búsqueda del significado de la realidad no es metafórica; más bien, tiene implicaciones tangibles para el ejercicio del poder, la distribución de recursos y el potencial de cambio social. Los discursos dominantes determinan cómo se entienden y se experimentan las injusticias y tienden a mantener las desigualdades presentándolas como inevitables o naturales. Por ejemplo, el capitalismo ha logrado imponer la noción de que el trabajo del individuo es el único resultado de sus propios esfuerzos, enmascarando ventajas estructurales que favorecen a un área sobre otra.
Además, los sistemas educativos y los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental en la consolidación de ciertas visiones de la realidad, pues actúan como mecanismos de reproducción ideológica. Aquello que no se enseña o no se difunde en la esfera pública tiende a ser invisibilizado, lo que refuerza las relaciones de poder existentes. En este sentido, cuestionar las construcciones hegemónicas de la realidad no es solo un ejercicio académico, sino un acto político con el potencial de generar cambios en la estructura social.
La realidad, entonces, es un territorio de disputa en el que los sujetos, individual y colectivamente, tienen la capacidad de desafiar, resignificar y transformar las narrativas impuestas. Comprender esta dinámica es fundamental para evitar caer en visiones dogmáticas y asumir una postura crítica frente a los discursos dominantes, abriendo así nuevas posibilidades para la construcción de un mundo más justo y equitativo.
Desde una perspectiva psicosocial, la realidad no es un ente objetivo y universal, sino una construcción social moldeada por interacciones, discursos y estructuras de poder. A través de las teorías de Berger y Luckmann (1966), Jodelet (1986) y Pichon Rivère (2000), se evidencia que la forma en que interpretamos el mundo está determinada por factores culturales e históricos. En un contexto contemporáneo caracterizado por la proliferación de información y la crisis de credibilidad en los medios tradicionales, comprender la construcción social de la realidad es una herramienta esencial para el pensamiento crítico y la toma de decisiones informada.
REFERENCIAS
Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad: Un tratado en sociología del conocimiento. Amorrortu Editores.
Jodelet, D. (1986). La representación social: Fenómenos, concepto y teoría. Centro de Investigaciones Sociológicas.
Pichon Rivère, E. (2000). Psicología social: Temas, teorías y compromiso social. Nueva Visión.

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